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Ana Paternostro
Mar del Plata
Argentina

Periodista y presentadora del programa televisivo de viajes y turismo cultural MAPAMUNDI, que se emite semanalmente por la red Magazine, con cobertura en Argentina y países limítrofes.
 

Ana Paternostro 17.03.2004

Parador de Plasencia (Espana): Dormir en un monasterio

En la llamada Ruta o Vía de la Plata, en la tierra extremeña de España, espera al viajero un hotel de belleza singular: el Parador de Plasencia.

Plasencia, una ciudad histórica, antigua capital de la ruta de la Plata, fue una villa señorial que, como estaba escrito en su escudo, fue pensada "Para agradar a Dios y a los hombres". Entrando por la Puerta de Coria, una de las puertas de la ciudad, se llega a la plaza de San Vicente Ferrer. Allí se encuentra este Parador Nacional de España, este hotel de lujo con encanto que une lo monástico al confort actual.


Detrás de las puertas


Elegir un hotel como éste para pasar unos días de descanso es decidirse a hacer noche en un antiguo convento, ser parte de una antigua historia religiosa, porque en otros tiempos, el lujoso Parador de Plasencia era el convento de San Vicente Ferrer, de monjes dominicos; una gran construcción en el centro histórico de la ciudad en donde todavía se respira paz y espiritualidad como antaño.


"La paz sea en esta casa" era la bienvenida para quienes entraban al convento y también para los huéspedes de hoy. Para no perder ese patrimonio se pensó en un hotel para elegidos y soñadores. Y la primera sensación al entrar y atravesar un gran portón de pesada madera es que todo está casi como era entonces. Un fresco muy antiguo, de la Crucifixión de Jesús, mantiene todavía sus bordes en las paredes. Una suave música se funde en los corazones viajeros. La austeridad y sencillez monacal se conjugan con el comodidad de hoy. Todos hablan bajo, como en susurro. Escudos, lámparas, grabados, terciopelos. Pasillos y más pasillos que imponen silencio. Iluminación que recuerda la antigua que usaban aquellos monjes. Mobiliario sobrio y confortable que nos transporta a la temperancia. Rincones exquisitos... Silencios perfectos...


Por un pasillo que conducía a las celdas de los monjes, los pequeños carteles en cerámica nos indican que vamos hoy hacia las suites. Las antiguas habitaciones monacales se han convertido en habitaciones de ensueño pero sin perder la atmósfera religiosa. Lujo, sobriedad, deseos de quedarse muchas noches en ese ambiente de extraño refinamiento místico. Una selección de almohadas nos invita a decidir qué sueños tener esa noche sobre esa gran cama con baldaquino y sábanas de seda amarilla. Y un baño de inmersión en la bañera de hidromasaje, llena de aceites y pétalos de rosa, nos transporta de inmediato al reposo perfecto.


Caminar por el claustro es una experiencia casi mística. Y cuando anochece, todo se torna más íntimo, más mágico. Los colores de la noche se funden en la piedra, porque la iluminación también ha sido pensada para que el huésped se remonte a la época conventual. Nada quedó librado al azar. Y junto al claustro hay unas pequeñas puertas, que antiguamente eran los confesionarios, y hoy se han reciclado, mesuradamente, como sitios de venta de tabaco o teléfonos públicos.


La antigua sala capitular, a la que se entra descendiendo una escalera de piedra y atravesando un arco ojival con reminiscencias árabes, hoy es un salón de eventos y fiestas. Tampoco se ha perdido. Las palabras de aquellos hombres de Dios parecen todavía flotar entre arcos y piedras, entre mesas con candelabros de plata y corales de los monjes expuestos en vitrinas.



Al refectorio

La comida del Parador de Plasencia, de primer nivel, se especializa en sabores extremeños. A la entrada del restaurante, dos jovencitas con trajes típicos y sonrisas francas invitan a sus huéspedes a saborear el plato del día. Y nunca falta el cheff condecorado que realiza los platos más magistrales con los productos del lugar: Frite de cordero, Tencas fritas a la extremeña, Solomillo de Retinto, y postres como Técula Mécula, de origen árabe, y que significa "de mí para ti", y es una tarta riquísima con almíbar y almendras, y un helado de higos chumberos. Y ni hablar de los quesos, de la zona y con denominación de origen, y mucho menos de los vinos, como el Vino de la Ribera de Guadana, o el Licor de Bellota...


El desayuno a los huéspedes se sirve cada mañana en el antiguo refectorio del convento. Un desayuno buffet que contrasta con el ayuno monacal, y que hace las delicias de todos los turistas. Los jamones y los dulces se llevan la mejor parte. Pero además del antiguo refectorio se puede tomar un riquísimo café y nada menos que junto a la sacristía del convento. La cafetería, lugar clásico de reunión de amigos, está junto a una extraña escalera al aire que lleva al primer piso, en una atmósfera que allí semeja a la de un castillo medieval.
 


A la biblioteca


En el primer piso, también todo está en su lugar. Recuerdos monásticos, armonía para el espíritu, historias para oír e inventar. El claustro alto distribuye más celdas, hoy habitaciones, en medio de un mobiliario sobrio, distinguido, señorial, ilustre. Espejos inmensos, antorchas de hierro que antaño acunaron el fuego, escudos y más escudos nobles.


Donde hoy funciona un gran salón de eventos estaba la antigua biblioteca, una de las más importantes de la época ya que este convento fue uno de los mayores focos culturales de Extremadura. No se guardan las paredes con libros. De ella queda el inmenso recinto, hoy ocupado por una mesa también de considerables proporciones, con manteles de lino y copas y jarrones de plata. Un friso en lo alto, con algunas letras en latín, evoca el mundo del conocimiento.


Y desde cada ventana, el jardín, el verde, una piscina, y también algunas excavaciones de lo que fue el primitivo convento.




La paz sea contigo


Muy cerca del Parador, los amantes de los viajes pueden visitar el casco antiguo de la ciudad de Plasencia, sus dos catedrales, sus casas señoriales y palacios famosos, o llegar hasta Cáceres, a 85 km, o a Trujillo, a 80 km, y visitar su castillo. Una ruta de conquistadores, con ecos de apasionantes historias.


Parador de Plasencia, el sitio ideal para quienes amen descansar en lugares que hablan al corazón. Parador de Plasencia, una estadía en un hotel para ser parte de un pasado adherido a cada muro, a cada piedra, y al silencio de las noches, en donde sólo cabe imaginar el diario susurro de aquellos hombres, enamorados de Dios y de la humanidad.


Más información: www.parador.es



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